Misionero eudista · Godbout · 1896–1960
Una misión en los campamentos forestales
En el invierno de 1932–1933, el padre Lucien Bourque emprende una gira misionera entre los trabajadores forestales de la Côte-Nord.
Párroco de Sainte-Anne de Godbout en dos períodos, relata los preparativos de su partida y la vida misionera en los campamentos del Vicariato Apostólico del Golfo de San Lorenzo.
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Rumbo al bosque
El relato de Lucien Bourque sigue cinco etapas: preparativos, partida, llegada a los campamentos, misión y regreso. Se presenta aquí la traducción del extracto conservado.

11 de diciembre de 1932 a 23 de enero de 1933
En noviembre pasado, el muy reverendo padre François Tressel, superior provincial de los Eudistas, con ocasión de su visita canónica a Godbout, condado de Saguenay, Quebec, me dijo de buenas a primeras: «Mi querido padre, debería escribir el relato de una de sus misiones en los campamentos forestales».
Al principio pensé que el muy reverendo padre bromeaba; pero, al ver que el padre Tressel insistía, le respondí sencillamente: «Para atender a su legítimo deseo, intentaré escribir uno este invierno».
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Y así me presento ante ustedes, sin más preámbulos, convencido de antemano de que mis amigos lectores serán muy indulgentes conmigo si el estilo no es tan cuidado como debiera o si a las descripciones les falta a veces color local. En este relato me limitaré, pues, a contarles lo que supone una MISIÓN en los campamentos forestales, junto con los hechos más destacados que la acompañan.
Al escribir estas líneas, mi único propósito es levantar apenas una punta del velo que oculta a sus ojos la vida algo monótona, dura y austera de quienes, entre la nieve y el hielo, dan muestras de un celo y una entrega verdaderamente apostólicos en el campo de acción asignado a cada uno en el Vicariato Apostólico del Golfo de San Lorenzo, Quebec.
Si les parece bien, dividiremos el relato en cinco capítulos: los preparativos de la partida, la partida misma, la llegada a los campamentos de leñadores, la misión propiamente dicha y, por último, el regreso después de la misión.
Estamos a 11 de diciembre de 1932. Acaba de sonar la última campanada de mi humilde y modesta capilla, que convoca a todos los fieles de la parroquia a la misa mayor del domingo.
Después de anotar cuidadosamente todo lo que debía anunciar durante la homilía del día, me dirijo a la sacristía. Los monaguillos y ayudantes de misa me esperan en el más profundo silencio. Todo está listo para el oficio divino. ¡Había que oír con qué entusiasmo se cantó el «GAUDETE IN DOMINO» de la misa! Era como un anticipo de la alegría de la hermosa fiesta de Navidad que pronto íbamos a celebrar y que resonaba jubilosa en las voces de los cantores. La oración colecta de la misa se ajustaba perfectamente a las circunstancias del día. ¡Con qué fervor suplicaba al Señor, Dios todopoderoso, que escuchara atentamente mis humildes súplicas! ¡Con qué impulso del corazón le pedía que me concediera toda la fuerza que iba a necesitar y me socorriera con su poder divino para devolver al redil del Buen Pastor el mayor número posible de ovejas, tratando con la mayor indulgencia a las más reacias!
Como un nuevo san Juan Bautista, ¡cuántos caminos tendría yo mismo que preparar, cuántos senderos allanar y cuántos valles colmar en el bosque donde iba a internarme! Aquellos leñadores, que llevaban ya cuatro meses en el monte, debían de haber sentido a veces un gran vacío en el corazón y en el alma, a pesar de las hermosas promesas hechas a sus madres al despedirse.
Durante la homilía de la misa mayor, como hacía cada año en semejante ocasión, anuncio mi partida para la misión en los campamentos forestales. Exhorto a mis buenos feligreses a unir sus oraciones a las mías para que mi apostolado dé el mayor fruto posible. Como debo partir después del almuerzo, la bendición con el Santísimo Sacramento tendrá lugar al terminar la misa mayor. Durante mi acción de gracias, reitero a Jesús las peticiones que le había dirigido por la mañana en la meditación y le ruego que bendiga mi misión. Suplico a la Santísima Virgen que me acoja bajo su protección maternal y a mi buen ángel de la guarda que guíe mis pasos. Después regreso a la casa parroquial para el modesto almuerzo.
Apenas he terminado de comer, mi guía me avisa de que todo está listo para partir. «Concédame unos minutos —le digo— para revisar todo mi equipaje y asegurarme de no olvidar nada». Siempre resulta molesto, una vez que estamos a cien millas dentro del bosque, descubrir que hemos olvidado algo esencial para la misión.
Si no me creen, pregúntenle al reverendo padre Alfred Poulin, quien, una vez en el bosque, descubrió con gran pesar que había olvidado llevar el vino de misa. Mi compañero lo ha colocado todo en orden en el trineo de transporte: el altar portátil con todo lo necesario, el saco de dormir que nos servirá de asiento y la bolsa de viaje con los artículos de aseo, además de setecientos u ochocientos rosarios y medallas del escapulario, pues parto por dos semanas.
Como en estas ocasiones conviene unir lo útil a lo agradable, me aseguro de guardar en el fondo de la bolsa mi «KODAK» y mi «CINÉKODAK» para traer algunos recuerdos de la MISIÓN. Al oírme hablar de ochocientos rosarios y medallas, veo que algunos esbozan una sonrisa pícara. No se preocupen: había olvidado decirles al principio que, durante esta visita a los campamentos, debo encontrarme con más de ochocientos hombres, y a todos les gusta llevarse un pequeño recuerdo de la misión: unos un rosario, otros una medalla y, a veces, ambas cosas.
Después de las oraciones habituales ante el Santísimo Sacramento, para encomendar una vez más mi misión a Jesús, tomo asiento junto a mi guía. ¡Y en marcha, rumbo al BOSQUE!
Lucien Bourque, c.j.m.
Canción tradicional
Youpe! Youpe! Sur la rivière!
por Charles Marchand y sus Troubadours de Bytown
Un domingo por la noche salí a pasear,
Octave y yo, los dos en compañía.
A casa del viejo Joe Cormier fuimos a pasar la velada;
voy a contarles lo que allí me sucedió.
Relato leído por Alain Jourdain
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Documentos de vídeo
La canción en imágenes
«Youpe! Youpe! Sur la rivière!» — Charles Marchand y sus Troubadours de Bytown.
De los archivos de Los Eudistas
Los campamentos forestales de la Côte-Nord
Las fotografías restauradas siguen acompañadas de sus archivos originales, que pueden consultarse por separado.


















